6 oct. 2009

De vueltas y clavados 1ª parte

… o de cómo definir eso que la gente llama amor

Cuando leemos un buen libro en el que encontramos un personaje con el que sentimos cierta empatía, interés o lo que sea, tendremos en nuestra mente casi de inmediato un conocimiento absoluto de tal persona, hasta podemos imaginarnos cómo se siente en los diferentes momentos de la historia que estemos leyendo, las descripciones extras que aporta el escritor, no destruyen nuestro absoluto mental a cerca de este personaje, solo le enriquecen tal vez hasta nos suenan a mentiras algunas cosas y dudamos en creer que el escritor lo conozca tan bien como nosotros. Este fenómeno es totalmente normal, es una tendencia natural hacia la verdad oculta en las cosas antes del análisis de las mismas, es la intuición que nos ayuda a saber que nosotros somos nosotros y aquel es aquel sin temor a equivocarnos.

Lo mismo sucede en el amor, sólo puede ser concebido por aquellas personas que no se detienen a tener un conocimiento racional de la persona a la que aman, en la búsqueda de análisis y descripciones, historias e informes, estos datos le condenarán inevitablemente a dar vueltas alrededor de la alberca para siempre, recogiendo signos del piso o de la superficie del agua, acumulando conocimientos relativos y tratando de armarlos inútilmente, obteniendo siempre traducciones imperfectas. Aquel que ama, desde el comienzo tiene el conocimiento absoluto que le da el acto neto de amar, simplemente vivir el camino del amor sin detenerse a buscar la señal que le indique hacia dónde va o de dónde viene, aquel que ama está tan seguro de que lo hace que, sin necesidad de hacer análisis o comparaciones, se abstiene de los símbolos que tratan de decirle las cosas, porque simplemente él ya las sabe, solo le queda caminar…. caminar al lado de ella.

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